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Liderazgo transaccional y transformacional

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Por Liderazgo se ha de entender el rol de la personalidad en el análisis de grupos pequeños; la influencia que se puede ejercer sobre una colectividad. La corriente seguidora del alemán Max Weber, considerado el fundador de la sociología moderna, distingue tres tipos de liderazgo que se refieren a otras tantas formas de autoridad: el líder carismático, al que sus seguidores le atribuyen condiciones y poderes superiores a los de otros dirigentes; el líder tradicional, que hereda el poder, ya sea por la costumbre de que ocupe un cargo destacado o porque pertenece a un grupo familiar que ha ostentado el poder desde hace mucho tiempo, y el líder legal, que asciende al poder por los métodos oficiales, ya sean las elecciones o votaciones, o porque demuestra su calidad de experto sobre los demás. Esta figura se reconoce comúnmente en el campo de la política y de la empresa privada.

Se entienden por el fenómeno del liderazgo como un proceso transaccional en el que la relación de liderazgo supone un intercambio, económico o psicológico, entre la figura del líder y los miembros del grupo, de modo que ambos salgan beneficiados de dicha transacción. Por ello, dentro del Liderazgo Transaccional revisaremos las pioneras Teorías del Gran Hombre de la Filosofía y Sociología del siglo XIX, el Modelo de los Rasgos, los Modelos de Conducta, las Teorías Contingentes, Humanistas, Atribucionales y el Liderazgo Carismático.

Según el Dr. Peter Koestenbaum, el liderazgo transformacional, es el liderazgo que requiere de un cambio en la forma de actuar, precedido de una transformación de como se piensa y siente: El liderazgo requiere de un reenfoque mental. El liderazgo significa una forma única y a menudo nueva de percepción, es un cambio radical; El líder demuestra una profunda apreciación por la libertad humana; Un líder entiende el milagro, misterio y necesidad de transformación; y Un líder sabe que el desempeño debe siempre acelerarse.

La verdadera transformación requiere un acto de voluntad: La libre decisión de convertirse en adulto y en un ser humano maduro. El liderazgo transformacional significa GRANDEZA, que a su vez significa el RENUNCIAR A LA MEDIOCRIDAD para SIEMPRE. La verdadera motivación resulta del sentido de orgullo, honor, autoestima y valor propio. La gente trabajará para disfrutar sus logros, desarrollar su potencial y porque su autorespeto lo demanda.

En acepción de José María González (UNELLEZ, 2000), el liderazgo transformacional es aquél en el que predomina la satisfacción de las necesidades económicas en la búsqueda de la satisfacción de otras necesidades superiores a través de la autorrealización.

Para ALFREDO ANTONIO GORROCHOTEGUI (Manual de liderazgo para directivos escolares, Madrid, La Muralla, 1997, 162 pág.), el liderazgo transformacional fue desarrollado por Bass y Abolio (1985). Este tipo de liderazgo busca la transformación del equipo para el logro de las metas y se da cuando los líderes estimulan a sus seguidores para que vean nuevas perspectivas y generan en conciencia de la misión y visión del equipo y la organización.

Por su parte para Iván Contreras Nogueira (MBA Loyola College. Maryland), EL liderazgo transformacional es una fuente de humanismo para la empresa. En el último tiempo, el mundo ha experimentado profundos cambios que han afectado significativamente una serie de esquemas que hasta hace poco se creían permanentes.

La necesidad de contar con un mayor nivel de integración comercial y tecnológica, ha llevado a los países a abrir sus economías, dándole paso al desarrollo de los intercambios sin fronteras y al inicio de la era de la globalización. El proceso que se advierte, viene sin lugar a dudas a ser liderado por la tecnología, la informática, y las telecomunicaciones, en su relevante papel para acercar los Continentes.

Estos avances generan consecuencias insospechadas. Algunas causas en lugares remotos producen consecuencias en otro. Algunos hechos afectan hasta nuestras propias organizaciones. Cada vez más se desenfocan las causas reales de un hecho y sus reales consecuencias.

En el campo empresarial se da una creciente división del trabajo y especialización, conllevando una visión parcial de la empresa. Los ejecutivos poseen nuevos anhelos y necesidades; consideran la empresa como un ámbito para su plena realización. Exigen mayor formación, responsabilidad y autonomía. Buscan no sólo ser gestores sino líderes.

Un Shakespeare inédito... y escrito a cuatro manos Los dos nobles parientes, compuesta junto a John Fletcher

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Por: CARLES GELI - El País-Barcelona - 01/11/2008

Palamón y Arcite son primos, sobrinos de Creonte, rey de Tebas, y han caído en manos de Teseo, duque de Atenas. Desde las mazmorras refuerzan su ya legendaria fidelidad, una unidad de destino que ni las mujeres lograrán extraviar... hasta que, acabado de decir, bajo la ventana de la mazmorra pasa Emilia, la hermana de la futura esposa de Tebas. El duelo entre primos por su amor está servido hasta el dramático desenlace, donde intervienen incluso fuerzas sobrenaturales. Ese es el argumento de Los dos nobles parientes, la última obra para la escena que escribió William Shakespeare (1564-1616) y que, inédita hasta ahora en España tanto en papel como en los escenarios, aparece en el segundo tomo del Teatro Selecto que acaba de recopilar Espasa.

A todo un shakespeariano de pro como Ángel Luis Pujante, que ha vertido la pieza y es catedrático de filología inglesa de la Universidad de Murcia y Premio Nacional de Traducción en 1988 por su versión de La tempestad, le cuesta encontrar una teoría sobre las vicisitudes de esta obra de 1613, y su larga ignorancia en España.

La pieza tiene algo de misteriosa. En principio, Shakespeare la escribió a cuatro manos con John Fletcher (1579-1625), entonces joven dramaturgo, que coprodujo con el padre de Hamlet obras como Enrique VIII, Cardenio (basada en un relato de Cervantes y hoy extraviada) y Los dos nobles parientes, a partir de un texto de Geoffrey Chaucer (el autor de Cuentos de Canterbury), que nunca se publicó en vida de Shakespeare, pero que en cambio sí se representó ya en 1613.

Aún así, nunca apareció compilada en el famoso First Folio de 1623, donde supuestamente se reunieron por vez primera las obras teatrales del escritor, a los siete años de su muerte. "La selección se hizo a ojo de buen cubero y se pensó que esa pieza era más de Fletcher que de él", arguye Pujante, que no duda de que el primer acto y la mayoría de las primeras escenas son de Shakespeare, por un cierto regusto barroco en la escritura. El traductor recuerda que Los dos nobles parientes se pudo leer en francés en el siglo XIX gracias al hijo de Víctor Hugo y que desde hace 20 años se ha publicado incluida en la obra completa que del autor se han lanzado en Inglaterra y EE UU.

"El sistema de verificación es sofisticadísimo a partir de una combinación de palabras, de sintagmas y frases y de adjetivos puestos delante y detrás del verbo como sólo hacía él", argumenta Salvador Oliva, que ha vertido al catalán toda la obra del bardo de Avon y que ha colaborado con Pujante. "Shakespeare es el autor de la historia de la literatura que más palabras utiliza [se calcula que unas 20.000], seguido por Racine, a quien triplica. Su registro de léxico era tal que eso hacía dudar de muchas de sus obras e incluso de que existiera, pero aquí hay construcciones típicas suyas", dice Oliva, que ya ataca la versión catalana.

Aclarado el entuerto de la autoría, ¿qué aporta Los dos nobles parientes a la producción shakespeariana? "En su clasificación, está de la media para arriba: el autor se halla en su plenitud y hace lo que quiere con el lenguaje y eso le permite experimentar, en este caso con la búsqueda de lo espectacular", expone Pujante.

Otro elemento diferenciador sería, en su opinión, la aparición de elementos sobrenaturales en el desenlace. "Lo que está de moda entonces es la tragicomedia, hay mucha competencia, la compañía teatral exige y el influjo de Fletcher hace mella por lo que Shakespeare vuelve al recurso de lo sobrenatural, de la invocación de los dioses, que excepto en Macbeth y algún otro romance como La tempestad, no tendrá un peso tan capital en el desenlace como aquí". Pero, ¿por qué arriesga tanto el reconocido Shakespeare al final de su etapa literaria? "No es por dinero sino por su pasión por innovar, algo típico de los grandes artistas... recuerda mucho a Leonardo da Vinci", compara Oliva. Dos nobles parientes, al parecer.